domingo, 16 de noviembre de 2008

¿Qué hacemos aquí?

La mediología, nuestro catalejo en este mar de conocimiento que es el mundo, es el punto de partida para entender el desarrollo del pensamiento científico en la gran explosión intelectual propia del siglo XIX.

Con el advenimiento de un, en palabras ya conocidas, "históricamente inevitable" fortalecimiento del capitalismo se buscó, por todos los medios, alimentarlo cada día más; las industrias desarrollaron proyectos en grandes proporciones y a gran velocidad. En países como Inglaterra y Francia se empezaron a levantar inmesas construcciones (más tarde simbolos de esas ciudades o del poderío capital) y, en varios laboratorios y academias, se inventaban aparatos muy novedosos como el teléfono (Meucci), el cinematógrafo (Lumiere) o la anestesia (Morton). Sin embargo no era solamente el campo, que podríamos llamar, científico-positivista el que buscó innovar cada día; las ciencias como la filosofía, la economía o la antropología se estaban consolidando (y hasta naciendo como tales). El trabajo de pensadores como Karl Marx, Max Weber, Charles Darwin, Nietszche o Hegel solidificarían el modelo de pensamiento de occidente y darían paso al mundo contemporáneo en el que vivimos hoy día.

Desde esta perspectiva es muy fácil pensar esta época como el origen de las ciencias contemporáneas como las conocemos y del estilo de vida 24-7 y 9 a 5 y dejar hasta ahí lo que se puede indagar. La mediología, como el estudio del transporte de la información a través del tiempo y del espacio, como una herramienta que ayuda a desideologizar los principales discursos de nuestra contemporaneidad y como una disciplina ocupada netamente de occidente, nos tiene que mostrar, de acuerdo a su perspectiva, los puntos coyunturales y terminaciones nerviosas características de este origen de la vida científica actual. Lo que hacemos aquí es tomar el discurso sobre el origen de la ciencia de nuestros días y ponerla bajo el microscopio de la mediología. No queremos otra cosa que mirar con un lente diferente.

CRISTIAN BALLÉN.

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